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¿A QUÉ EDAD DEBERÍA EMPEZAR A USAR ZAPATOS?
El calzado se tiene que adaptar a cada etapa de la vida infantil. Hay que pensar que cuando nacemos, el pie tiene una sensibilidad táctil mucho más aguda que la de la mano y conserva esta característica hasta los ocho meses de vida aproximadamente, por lo tanto es muy importante no anular esta característica y la única protección que se recomienda para el pie del recién nacido son las medias de lana o algodón, según el clima. El primer zapato puede utilizarse cuando el niño comienza a gatear.


¿CÓMO TIENE QUE SER EL ZAPATO IDEAL?

En la parte superior el zapato no tiene que tener puntera, contrafuerte ni ningún tipo de refuerzo. Tiene que estar hecho con materiales muy suaves y la suela tiene que ser flexible y antideslizante. Con zapatos de este tipo el pie estará protegido y se respetara la sensibilidad y la amplitud de movimiento. Cuando el niño termine la etapa de aprendizaje del caminar (entre 1 y 2 años) podrá empezar a utilizar zapatos similares a los del adulto con una suela, a nivel de las articulaciones metatarseales; flexible que se pueda plegar, con la presión de los dedos de la mano, hasta 90º. A nivel de las zonas laterales y traseras del talón tiene que tener contrafuerte sólidos que no sobrepasen el nivel de la articulación
sub-astragalina. La punta tiene que ser alta para que no impida
el movimiento de los dedos y al mismo tiempo protegerlos.


EN CASA, ¿PUEDE ANDAR DESCALZO?
El niño no debe andar por ningún motivo descalzo sobre el suelo porque un terreno demasiado horizontal y duro favorece que el pie se vuelva plano ya que no estimula su musculatura. Por el contrario los terrenos irregulares como arena, grama o césped estimulan la percepción del terreno y la musculatura del pie.





¿CADA CUÁNTO TIEMPO TENEMOS QUE CAMBIARLE LOS ZAPATOS?
La sustitución del zapato de un pie que esta en fase de crecimiento es algo muy importante. Por tanto es necesario controlar con frecuencia el calzado del niño ya que el crecimiento del pie es muy rápido. Un zapato corto respecto al pie puede determinar importantes alteraciones estructurales (desviaciones de los dedos, uñas encarnadas, etc.). Por otro lado un zapato demasiado largo no permite caminar correctamente.